VISIÓN DE LA VIDA.
Muy estimados todos:
Desde el mismo momento que despertamos, nuestros sentidos son, en continuo, emborrachados, por tal cantidad de olores, de ruidos, de sonidos, de imágenes, de sabores…; lecturas y noticias de toda índole; tanto, tanto…que somos convertidos en verdaderos adictos de ese remolinante consumo.
Existen momentos que pretendemos detenernos para concentrarnos y pensar, pero no podemos; es como si existiera una fuerza, como…, si se tratara de una energía superior que nos empuja y atrae hacia esa mecanización de comportamientos; nos empuja hacia la auto prefabricación, de la que ya, lamentablemente, somos víctimas. “VIVIMOS SIN EXISTIR”, ¿recuerdan ésta frase en el artículo del mismo autor: “La Droga, Simplemente”?; es como si perdiéramos nuestra energía y viviéramos anestesiados, nos dice.
“VISIÓN DE LA VIDA”, publicado en el año 1985 en el Diario Independiente La Hora en Centro América, pretende detenerle tan solo un momento, nada; y logrando adentrarse en su interior, recordarle, sobre todo, que por encima de cuantas cosas le rodean y de cuantas circunstancias vive, Usted es PERSONA y como tal se encuentra muy por encima de todo; y es algo a lo que debe imponerse día a día, momento a momento.
Anónimamente, por correo electrónico… como bien lo desee, pero no dude en comunicarse con nosotros…”por si algún día nos necesita”. No es necesario que dé su identidad, pero sí nos interesa Usted como persona, el poder tenderle la mano. GRACIAS de verdad.
Con nuestro aliento y calor. Sinceramente. Un abrazo.
Desde UNIÓN UNIVERSAL DESARROLLO SOLIDARIO.
VISIÓN DE LA VIDA
Capítulo I
¿Qué podemos discernir con una mente en blanco? La vida la vamos formando con infinidad de pequeños momentos; muchos de ellos, desagradables, otros, menos penosos. ¿La mente la vamos llenando? A veces, somos sorprendidos por sinceras y profundas alegrías que nos van a dejar un agradable sabor, un apetecible recuerdo. Mientras tanto, dentro de éste continuo caminar, vamos siendo golpeados, apaleados como lo es una estera, por esa mano firme e invariable que es la de la misma vida y que en continuo nos acerca a sus innumerables miserias. ¿Será la conciencia la que vamos despertando?
Mágicamente somos guiados para escalar los peldaños que forman esos días, que forman esos años de éste nuestro existir. Deambulantes, ¿en cuantas situaciones nos sumergemos? Aunque queramos formar nuestro propio mundo, el vivir cotidiano nos arrebata las ilusiones; la frialdez de su realismo nos corta alas y nos aprisiona en su fría y dura superficie; pero ahí estamos nosotros con el cálido interior, a veces incluso vulcanesco, y damos con otras inquietudes repleta de ilusiones.
Nosotros somos en verdad la fábrica para generarlas; la vida, en algunas ocasiones se encarga de aplastarlas incluso. Así tenemos que muchas de estas ilusiones las convertimos en firmes esperanzas permitiéndonos vivir otro poco de tiempo más con energía suficiente para hacer frente y dar la cara a ese existir que por más o menos tiempo nos toca a cada uno de los presentes. Como cascadas de agua fresca nos esparramamos por las superficies de nuestro cotidiano vivir, ansiosos de empapar cuanta aridez nos ha mantenido inermes y apagados, brillamos con luz propia, como el sol brilla y da calor a cuantos cuerpos carecen de energía.
Cuanto más comprensivo se hace uno en éstas cosas de la vida, más llevadera es la carga, aunque haya quien pretenda cargarnos también con la ajena. La vida está llena, ¡se encuentra cargada! De ricas y jugosas enseñanzas, como en cualquier otra escuela; es como una alacena cargada de espléndidos manjares que esperan ahí a que los tomemos; eso es la verdad de esta vida; pero… ¿qué hacemos con esas enseñanzas? ¿En qué nos podemos lucrar si nó aprendemos de nuestras propias experiencias? Y esas experiencias ¿no son acaso el fruto de situaciones por las que pasamos?
No me canso de repetir, porque así siento que es la verdad, que quien tenga interés en aprender, debe continuamente procurarse en desarrollar las buenas actitudes, pues con ello le disminuirán las malas, y como bien digo, el disminuir esas malas posturas nuestras vendrán dadas si empezamos por apartar y evitar los malos y negativos pensamientos. La vigilancia ejercida hacia uno mismo permitirá el desarrollo de nuestra persona de manera abismal, en comparación a que si somos personas que pasan indiferentes de sí misma.
El errar es común en el ser humano, es frecuente en el que se procura aprender; pero ese errar es corregible así que nos demos cuenta de su existencia como error real que poseemos o cometemos; mientras neguemos el error, tendremos garantizado ese error, ¡porque negamos su existencia! en consecuencia nos hacemos su víctima, nos hacemos presa de nuestra propia ignorancia; ¡no admitimos el error, por consiguiente nos guillotinamos! Hay algo que debemos tener casi en continuo presente también, más aún cuanto más adversidades se nos presenten, y es que… para amar hay que aprender a saber sufrir, especialmente la incomprensión de los demás, solo eso nos garantizará un gran paso hacia adelante. El labrar requiere un sacrificio, una constancia, y ¿qué mejor labranza que la realizada sobre uno mismo? Siempre hemos dicho que una imagen vale más que mil palabras, dejadme que os diga de cómo una experiencia vale más que mil imágenes.
Cuanto mayor es la visión de la realidad de lo que es esta vida, más llevadero se hace su continuo acoso de privaciones y adversidades. Y qué mayor adversidad que las enfermedades y el propio engaño; la misma enfermedad física supone una considerable merma, imaginen si añadimos la enfermedad psíquica y cómo nó, la mentira y el engaño que tanto desgarra el sentimiento y el espíritu. Porque generalmente surgen desde quienes más te confiabas.
Se presentan situaciones en que es tan grande el peso que a veces recibimos ¿verdad?, donde en esos momentos nos da la sensación de parecer tan… ¡tan pequeños! Que es precisamente cuando necesitamos de rebuscar en nuestro mágico cofre de la esperanza para armarnos de valor y decir: “¡che, un momento, vos no sois el primer grandote que me he echado encima y seguramente no seréis el último, cogeos pues de la mano al tiempo y hacerle compaña, que él se encargue de quitaros peso!”. Y es que no debemos de dudar de nuestras propias capacidades, son tan ilimitadas, que nos sorprendería saberlo; pero… ¡más aún!, de antemano os digo que podemos desarrollarlas, porque están ahí dentro en nuestra mente esperando que vayamos descubriéndolas y despertarlas, para usarlas. Sin necesidad de nada ni de nadie, solo de uno mismo. Es tan simple, como fácil, por eso afirmaba que para ello hemos de vigilar los pensamiento propios, para que no nos hagan caer en formas y maneras que desconocemos por lo general; el pensamiento es una forma de energía que debemos aprender a controlar y ¡NO! a que nos gobiernen ellos, ya que unos pensamientos descontrolados, ¿se imaginan en que incomprensión caemos? Nos va a merecer la pena, vernos en verdad con nuestra verdadera potencia; quienes gobiernan el pensamiento se desarrollan limpios, pues pueden apartarse del pensamiento erróneo.
No cabe duda que estamos sobre todas las cosas, por encima de cualquier circunstancia; por una simple razón…, que la persona es la base fundamental, y no las cosas ni cualquier otro momento; por ello nos urge su mimo y cultivo, su buen abono y cuidados para aislarla de cualquier plaga que pueda perjudicarla o mermarla. Toda forma de vida creada posee el mismo hálito o chispa de vida; imaginen entonces de que el ser humano, formando parte de esa creación de amor, nada de lo que viva aquí, puede ser superior a ella. Es como el escolar, ningún problema puede superarle, puesto para eso está, su función como escolar es aprender; nosotros, todos, somos escolares de ésta vida.
Y es verdad cuanto estamos exponiendo aquí en VISION DE LA VIDA, porque…según la visión que le demos a la vida, así podremos o no realizarnos, con más posibilidades. Nosotros, en definitiva somos en verdad los que nos imponemos más limitaciones o permitimos una contaminación interior. Cuando nos dejamos atrapar o atraer por las cosas que encontramos aquí, olvidamos la misión que traemos y tendemos a caer en sus redes. Son tantas y tan grandes las cuestiones que la forman, que en su mayoría transcurren desapercibidas ante los ojos de nuestro limitado entender.
Somos como excavadores en un interior desconocido, que a medida que nos desvelemos por escarbar iremos descubriendo vetas del tesoro más preciado que podamos lograr jamás: el tesoro del conocimiento; así hasta llegar al verdadero filón, que es el saber, ¡el filón de la sabiduría! Porque es cierto que a medida que abrimos nuevas galerías, el metal obtenido es más rico, más puro e intuimos que nos vamos aproximando a ese filón ansiado. En nosotros solos está el esfuerzo, para nosotros será el logro, mientras tanto, con la cosa de si llegamos o no llegamos, estaremos forjando nuestro camino, porque no dejamos de caminar. El desarrollo del conocimiento es algo parecido como el ahondar en una mina para extraer el mineral deseado.
Mientras, no cesamos de bregar con los miedos y temores. Miedos y temores infundados por lo general, que nunca se llegan a realizar, pero permitimos que consigan su objetivo de angustiarnos; y no nos queremos convencer de que no nos pasa nada, que estamos por encima de cuantas situaciones y circunstancias vivimos. ¿A qué tememos entonces?, ¿acaso hay algo o alguien a quien temer?, ¡verdad que nó! Pero…, cuantas situaciones tenemos que pasar y ¡superar!, porque volvemos a lo mismo, si no llegamos a aprender de las experiencias recibidas, ¿de qué nos sirven? El miedo es algo irreal que imaginamos, inventamos y le damos cobijo ahí, tan familiarmente, que parece que hemos nacido con él.
Y nada de eso es cierto, ¿se imaginan que el ave le diera miedo las alturas?, se incapacitaría de tal forma que no llegaría a realizarse en esa su maravillosa función de volar. ¿El día teme a que se cubra de nubes y no salga el sol?; ¿el viento teme de chocar contra las montañas?, ¿las gotas de lluvia temen de estrellarse contra las superficies?…es su cotidiano existir; ¿a qué podemos temer nosotros? Debemos aprender a formar parte de esa grandeza, porque nosotros también somos y formamos parte de ese conjunto maravilloso de existencias. No olviden, somos ese soplo divino que nos permite una existencia inmortal y eterna.
Capítulo II
Cuando llegamos a la ancianidad, nos abandonan las energías y somos más propensos a las enfermedades. La expresión carece de vida propia y la fisonomía se ha convertido en un mosaico lleno de cuantos matices se han ido esculpiendo a lo largo del caminar. Abandonado por la propia sociedad a la que hemos estado sirviendo durante tantos años, ahora nos vemos desamparados. Y es así, son etapas que nos van aguardando y que debemos aprender a saber superar, porque esta es la verdadera escuela. Escuela que también debemos de ir mejorando en cuanto a material y costumbres hacia el arrope de las personas. Porque son nuestras personas el verdadero producto por el que tenemos que desvelarnos. Porque está en nuestros hechos el que se determine si somos más o menos civilizados, si en verdad somos más o menos racionales; nuestros hechos, son…, queridos míos, la materialización de nuestras ideologías.
Así tenemos de cómo no solo la vida es perenne, sino que en el transcurso de los años somos víctimas de accidentes y de innumerables bacterias y gérmenes que abrirán las puertas para dar paso a las enfermedades, y de manera más o menos intensa sufrimos su acoso. Se hace tan importante que nos ocupemos de comprender y de aprender, tanto, tanto que en ello va a estar el que pasemos mayor o menor sufrimiento; recuerden las dos formas más directas que poseemos el humano para aprender las lecciones: o por el sufrimiento o por comprensión y entendimiento de las cosas.
TODOS PASAMOS POR EL SUFRIMIENTO. Pero… ¿entendemos la función del sufrimiento, como mecanismo interno al no comprender?, de tal manera que cuanto menos comprendemos, más estamos dados al sufrir sobre los hechos que nos ocurran. No solo el sufrimiento está ligado a la falta de comprensión, sino que además, esa falta de comprensión, digo, ¿no nos empujará al temor? y éste, a su vez, ¿nos derivará hacia el miedo? Así tenemos, y reitero de nuevo, que las personas estamos abogados a aprender a través del sufrimiento o por medio de la comprensión, o por medio de una combinación de ambos.
Nuestro destino final, hayamos hecho el bien o el mal, vivido en los excesos o en la privación, es la muerte. Algo a lo que muchas personas se le tiene hasta pánico, más por falta de comprensión que por la propia llamada muerte. Y algo que no comprendemos, como en este caso es el tema de la muerte, mientras así ocurra, no nos queda otro remedio que inevitablemente aprender por medio del sufrimiento. Pero todo, absolutamente TODO, es comprensible y entendible, otra cosa es que sea evitable o no. La llamada muerte es inevitable afortunadamente, porque es necesario que los aquí presentes vayamos ascendiendo a otras clases, a otras aulas, a otras escuelas, a otros, en definitiva planos de la existencia. Como bien se expone en el artículo “Día de difuntos o desde la otra vida”: -la muerte es el mejor regalo que podamos recibir; hasta esto es comprensible, mientras tanto será el sufrimiento quien nos haga ver las cosas. Temas que se estudian ampliamente en las Obras METAMORFOSIS CON DIOS y la Obra de LEY DEL CONOCIMIENTO.
TODO ES PERECEDERO. Y mientras estemos encarnados en éste cuerpo de material perecedero, nuestra fecha de caducidad será un hecho. Por ello, en diferentes ocasiones, expongo de cómo aunque nuestro cuerpo sea perecedero, la realidad de nuestro espíritu no es así, nuestro espíritu no tiene fecha de caducidad; de ahí que veamos a ancianos con expresión juvenil y a jóvenes con expresión decadente. Esos ancianos conservan su espíritu tal cual, como algo que es imperecedero, aunque vayan viendo en el correr del tiempo como su cuerpo físico, la escafandra donde nos encontramos imbuidos, va envejeciendo. Sabemos que todo se transforma, nosotros nos elevamos. Así que aprendamos a ser seres de visión aérea, nuestro sentido de comprensión nos aflorará de manera más asidua. Nuestros sentidos físicos tienen unas limitaciones físicas, nuestra mente espiritual NO. Su desarrollo, el de la mente, por medios naturales nos proporcionará riquezas que nunca hubiéramos soñado. Todo lo contrario a que si empleamos sustancias o derivados, ya que nuestra ruina o el fracaso de esta vida estará garantizada; aquí las “chuletas” sirven de poco, ni los dopajes. (Temas desarrollados en artículos: “la Droga, simplemente” y en “Todo menos el suicidio”).
¿Acaso la serenidad la vamos a encontrar en cuantas formas materiales nos rodea, máxime si estamos viendo que todo lo que aquí encontramos es perecedero incluido nuestro cuerpo físico? Algo debemos hacer para evitar continuar cayendo en formas y costumbres ya establecidas, ya impuestas. Todo cuanto está establecido en la época a la que descendemos y nos toca vivir aquí, es el grado evolutivo o nivel en que se encuentra esta especie a la que pertenecemos; si volvemos dentro de quinientos años existirá ya otro grado mayor evolutivo en costumbres, en maneras de concebir y pensar…nosotros en ese momento que aparecemos a esta existencia, no tenemos que caer en la trampa o tragar el anzuelo de ese nivel que genéricamente está impuesto aquí; si hacemos caso a nuestro interior, veremos que sentimos, pensamos y creemos a otros niveles incluso muy diferentes a los que aquí aún existen y se encuentran establecidos e impuestos.
Niveles impuestos en general por intereses comerciales de unos pocos que someten a unos muchos. De hecho, que esa serenidad interior a que antes aducía, la vamos a descubrir lejos de formas materiales; si nó entonces, ¿porqué el rico no es feliz?, vive entre miedos, ansiedades, avaricias…; deformaciones que le amputan su verdadera condición de ser humano, in humanizándole o deshumanizándole. ¿Porqué sufrimos cuando carecemos de algo que deseamos?, ¿porqué cuando lo conseguimos deja de satisfacernos?; por el contrario, tenemos miedo de que nos lo arrebaten sin son cosas de valor material; para asegurarnos, procuramos conseguir más y evitar volver al estado inicial de cuando lo carecíamos; por consiguiente damos paso a la acumulación, ¡nos hacemos víctimas de la acaparación de riquezas y bienes!
Nuestra insatisfacción es reemplazada por la satisfacción de la avaricia. Pero no nos preguntamos el porqué de éste proceso, no pensamos de cómo el deseo lo convertimos en un poderoso imán capaz de atraer a cuanto en verdad queramos tener; si así es, ¿cual es la sanidad de nuestros deseos y de nuestros pensamientos?. Provocamos a las diferencias por medio de comportamientos que para nada nos gustaría que tuvieran con nosotros mismos, rompiendo las leyes de equilibrio que establecen una invariable justicia; si así no fuera, no habría libertad, salvo para unos cuantos que son los que ejercen de poder y dominio de riquezas.
Somos la especie humana la que provocamos desigualdades e injusticias por mucho que queramos justificarlas. Desnudos y sin nada venimos, ¿con qué creen, Ustedes acaso, que partimos?
No es preciso introducirse en ninguna orden religiosa para encontrar la serenidad y la paz interior. Simplemente hemos de apartarnos de las cuestiones mundanas, de las formas superfluas y de las condiciones más materiales. Siempre evitando el extremo de la privación o en su caso, el opuesto, evitar el exceso y la abundancia. Las alforjas que traemos al nacer solo traen un conocimiento; cuando partimos, nos llevaremos solo el conocimiento que hubiéramos desarrollado el tiempo de permanencia aquí.
El apego a las cosas de ésta vida, motiva el sufrimiento, sin duda; y nos ata irremisiblemente a sus formas materiales, es decir, nos hacemos esclavos de nuestros propios sentidos físicos, especialmente al del paladar, pero el de la vista también nos somete a la pereza, igual que el del oído. Es decir, sobre ponemos a nosotros mismos, una cantidad de formas y maneras que parece como si la persona quedara relegada a planos serviles y complementarios. El colegial que se encuentra en un curso, debe ¡servirse! de ese material que dispone, de manera adecuada si pretende pasar al siguiente curso y no antepone el material así mismo; se le enseña a desarrollar un equilibrio de valores y formas. Lo mismo es ésta vida. Si aprovechamos adecuadamente el material, encontramos mayor posibilidad de ascender a ¡otro curso superior!
El que anhela o ansía con vehemencia alguna cosa, es desdichado mientras tanto no lo consiga. Está sujeto, se encuentra encadenado a sus propios deseos. Se hace esclavo de sí mismo. Es marioneta de sí mismo.
Debemos aprender a dominar los deseos si queremos hallar la felicidad. Todo cuanto encontremos en ésta existencia material tiene fecha de caducidad. Las cosas de éste mundo son pasajeras, por tanto, ni que decir tiene, que ver realizados nuestros deseos tan solo nos proporcionará una felicidad pasajera. Entonces, ¿qué sentido tiene atarse a los deseos o atarse a las cosas de éste mundo?, ¿vamos a ser más por tener más?, NO, en absoluto; en los valores reales, vamos a lograr hacernos valorar por lo que tenemos, por lo que poseemos, por consiguiente, en realidad, vamos a valer nada, porque nada de valor tiene, lo que valoramos la materia aquí. La materia es un simbolismo, nada tiene de real; el escenario de un teatro es algo que no es real, porque será desmontado nada más que finalice la obra. La valía de la persona tiene otras medidas muchísimo más elevadas, que unas simples posesiones materiales. Como decimos: no te midas por tu estatura física, y hazlo por tu capacidad mental y de conocimiento.
Como códigos morales o espirituales que en realidad son las diferentes religiones, de ellas podemos aprender leyes tan hermosas como la de que así que observemos que las malas cualidades se desarrollan y que las buenas cualidades disminuyen, es porque esa clase de evolución debe evitarse. Cuando por el contrario se advierte que las malas cualidades disminuyen y las buenas se desarrollan, es porque debe aprender a desarrollarse ese tipo de evolución o esa clase de felicidad. ¿Cómo vamos ha madurar correctamente? O ¿cómo vamos ha desarrollarnos de manera adecuada, si nuestros pensamientos son incorrectos?, o ¿si nuestras obras y acciones son impropias?, ¿ciertamente eso mismo es lo que querías o pensabas para ti?
Todos, absolutamente todos, venimos a esta vida con agrado o desagrado, pero en la necesidad de tener que aprender una seria de materias que solos y según la capacidad de nuestro desarrollo, deberemos hacer frente. Ignorar las cosas no nos elude para que tarde o temprano debamos hacer frente; de ahí que a veces escuchemos la expresión: ¡no seas avestruz!; como aseverando de: no te escondas y da la cara; y qué mejor que aprender a darla en propios asuntos. Nuestra inquietud por querer despertar conciencia debe de ser prioritaria, en ese tejer interior que la misma vida nos brinda paso a paso. Por ello, como tierno tallo emerjamos a la superficie de ésta existencia, abrazando al sol y al aire. Limpios retoños que con todas las energías que brotan de nuestra vida, nos disponemos a crecer y transformarnos en sólidos troncos.
¿Reparamos alguna vez qué clase de fertilizantes nos echamos para alimentar nuestras raíces?, ¿qué tipo de poda nos hacemos para limpiarnos de los brotes inútiles?, ¿qué clase de cuidados nos hacemos para crecer y hacernos un tronco fuerte?, ¿no es más bien que absorbemos cuanto nos ponen al alcance de la mano, anteponiendo nuestros intereses?; es decir, ¿no buscamos auto justificaciones a nuestra conciencia para doblegarla a esas mismas conveniencias que nos van surgiendo por negativas que sean las pretensiones?. Aprendemos a no ser sinceros consigo mismos y a partir de ahí, cualquier cosa se puede esperar de nosotros, porque con ello violamos lo más importante, que es uno mismo. Y si nos mentimos a nosotros mismos, qué no hacemos con los demás. ¿Cuál es nuestra línea a seguir? ¿En que visión de la vida nos vamos encaminando?
“para cada uno de nosotros, que aprendamos a ser fuerza interior, porque donde esté tu pensamiento, está tu atención. Donde se encuentre tu atención ahí estás tú y en eso te conviertes; serás lo que decidas ser, si te mantienes unido y no dispersado” J. Híades
Contacta en universalproyecto@gmail.com



